29 de septiembre de 2016

Paisaje matutino

    Es bastante entretenido ver sus rostros desde aquí. Siempre me ha causado curiosidad cómo reaccionan las personas: están aquellos que observan asombrados, los que están horrorizados, e incluso hay algunos que muestran cierto deleite ante lo que ven, mil rostros y mil sentimientos distintos ante un mismo evento. Puedo ver con detalle cómo se dilatan las pupilas de algunos, mientras otros prefieren cerrar los ojos o incluso girar la mirada. ¿Qué pasará por sus tontas y pequeñas cabezas? No intento ser despectiva, son personas pequeñas, de modo que tienen cabezas pequeñas, es bien conocido que las cabezas pequeñas albergan cerebros más pequeños aún y uno de esos no puede procesar más de dos pensamientos al mismo tiempo, así que, es obvio que las personas pequeñas son tontas, es lógico, es simple.

    Observo toda una multitud allí, aglomeradas, murmurando, unos corriendo hacia atrás intentando salir, y otros apretujándose entre si para adelantarse a los demás, como si se tratara del concierto de algún músico popular. Exhiben sus cuerpos sucios, sudorosos a pesar de que no ha subido el sol, rostros y cuerpos llenos de fango y harina ¿acaso esa gente no se lavó antes de salir de casa? Que espanto, deben ser parte de la plebe, solo de ellos se puede esperar algo tan asqueroso. Esas ropas raídas y remendadas, las caras desencajadas del horror y la risa, como si vieran algo terrible y lo celebraran al mismo tiempo.

    Se mezclan las risas, los espantos, es una vorágine de expresiones y siento que me marean, de hecho comienzo a ver todo un poco más borroso. Acabo de notar que están gritando, tan abstraída estoy observándolos que no los había oído, pero no logro distinguir las palabras, lo único que oigo es un zumbido extraño que no logro identificar ¿Un abejorro quizás? no, se parece más el ruido que hacen las moscas al revolotear cerca de la comida abandonada, pero no logro verlas... Ahora que lo pienso mejor, sólo logro ver al frente pero no siento rigidez en el cuello, alguna suerte de tortícolis extraña que quizá debería consultar al doctor.

    Si, definitivamente mandaré a llamar al médico, ahora no veo nada, solo percibo el zumbido de las moscas, mezclado con los gritos y vítores que siento cada vez más lejanos. Sentir... me siento extraña, fría y como si flotara en  una bañera, y al mismo tiempo un dolor agudo, fuerte e intenso en mi cabeza, como si me halaran el... -pensó, mientras su cabeza caía en el saco de cuero que habían dispuesto para ella.

<a href='http://julienbelli.pixpawebsites.com'>Me</a> by Julien Belli
Me by Julien Belligt;

5 de agosto de 2016

El sueño del artista

    Mi primera satisfacción fue ver sus entrañas en ebullición, como si se tratara de un hervidero de gusanos. Una mezcla de sangre y vísceras explotando aquí y allá, al ritmo de una composición musical jamás escrita pero que, visualmente, era una perfecta obra de arte.

    Me costó encontrar la temperatura necesaria, la tubería de oxígeno para ayudar con el burbujeo, el tamaño preciso que debía tener la herida del abdomen, e incluso, me llevó más tiempo del esperado elegir la herramienta cortante con la que obtener esos bordes rugosos de la piel y las capas de músculo liso. Fueron muchos intentos fallidos, uno tras otro, como querer pintar el cielo y jamás dar con el color ideal para el añil de la noche. Pero lo había logrado, mi pequeña y anónima obra de arte que jamás saldría a la luz, porque claro, era para mi disfrute personal, y porque solo existiría mientras el corazón de ese cuerpo latiera, lo que no duraría mucho más que unos meses, a pesar de mis intentos.

    La lucha contra el shock, para que se mantuviera despierta y sintiera cada punzada de dolor que yo, gentilmente, le regalaba. El espejo sobre el abdomen, inclinado hacia su rostro para que viera cómo su interior danzaba al ritmo que yo decidía. Por supuesto, se hizo necesario usar unas cintas para mantener la cabeza en esa posición y un par de pinzas para que mantuviera los ojos abiertos. No, no se iba a perder mi obra de arte. Ella la había inspirado, ella la disfrutaría conmigo.

    Claro que ya había previsto que los gritos serían un problema, así decidí extirpar quirúrgicamente sus cuerdas vocales, cosa que hice con la mayor delicadeza posible, con ella profundamente anestesiada, porque eso no era parte de mi obra, no había necesidad de hacerla pasar por ese dolor, también debía cuidar que su corazón no se detuviera en plena operación a carne viva. Demás está decir que su horror al despertar y darse cuenta de que no podría gritar fue un toque delicioso e inspirador, imagino que le dolieron los primeros intentos, aunque no le pregunté, no tendría forma de responderme y tampoco me interesaba mucho ese asunto en especial. Sin embargo, no puedo negar que su rostro fue todo un poema, los ojos muy abiertos y con lágrimas rodando desde sus esquinas, ella resoplando y boqueando como un pez fuera del agua, fue una visión realmente hermosa, pero ese era solo el inicio...

    Su cuerpo tendido, y atado claro, sobre una cama forrada de terciopelo negro hacía un perfecto juego con su piel blanca, que se teñía con el rojo de la sangre que borboteaba desde la herida en su vientre, el mismo color de la sangre que le transfundía constantemente para reponer la que iba perdiendo, el mismo color rojo de su cabello, que pinté a juego buscando una armonía estética que aún no conseguía. Esa era la razón real por la cuál no podía dejarla ir, por la cual debí alimentarla por sonda todo el tiempo que fuera necesario. Ella... no, no ella, su agonía era mi obra de arte y no podía quedar inconclusa, debía ser completa, como mi necesidad de verla sufrir, abrumadora como el deseo de que me viera satisfecha con su dolor, absoluta, como mi ira.

    Me desperté agitada esa mañana, recordaba casa fragmento del sueño, recordaba el olor de la sangre fresca y de la carne quemada, el color rojo que rodaba sin cesar contra el terciopelo, sin embargo, no lograba recordar el rostro y eso me conturbaba.

    Decidí que lo mejor era olvidar ese sueño tan extraño y al mismo tiempo reconfortante, y para ello nada mejor que un café preparado con granos recién molidos. Bajé a la alacena a buscar los granos, mientras seguía pensando en el sueño, en el rostro que no lograba ver, encendí la lámpara del sótano y de pronto supe de quién se trataba, seguía allí, tendida sobre el terciopelo, esperando como un lienzo a su pintor, me olvidé del café y tomé los guantes mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro...

No encontré el nombre ni el autor de esta imagen. Me disculpo por ello


6 de julio de 2016

Monsters

    No recuerdo desde cuándo tengo ataques de ansiedad, sólo sé que un día estaban allí, y que habían llegado para nunca irse.
    La ansiedad te transforma, te conviertes en una de las peores versiones de ti mismo, hieres a quienes se acercan a ayudar porque los percibes como seres incapaces de entender por lo que estás pasando, y claro, si no tienes idea de qué o por qué sucede menos puedes tener idea de cómo ayudar y lo haces mejor si no estorbas. Esa es una de sus caras... Desafortunadamente no es como Janus y sólo tiene dos, cada vez que se asoma es distinta, hay elementos en común: la taquicardia, la respiración entrecortada y la respectiva falta de aire, las ganas de llorar, de gritar, de salir corriendo... Ja, puedes huir de ti mismo, pero NADIE puede huir de sus demonios.
    Yo suelo tomar café con los míos. Son muchos años de convivencia y he aprendido que esa es una guerra perdida, es más sencillo aprender a vivir con ellos, conocerlos, negociar los términos la tregua y el precio del sacrificio que siempre pedirán. Pero un día, de pronto, aparece una cara nueva, como esos malos perdedores que llegan volteando la mesa de póker, y sabes en ese preciso instante que te despides de ti paz mental y debes convencer a este ¿nuevo? y desconocido residente.
    Pues al parecer hoy me tocó a mi, por supuesto que no lo vi venir, por supuesto que terminé hecha un mar de llanto, y por supuesto que me arrepentí luego de lo que dije y cómo lo dije, pero de nuevo, no era yo, era uno de mis monstruos hablando por mi, exigiendo su sacrificio de sangre, demandando ser el más importante de esta suerte de panteón personal donde habitan, y donde se burlan de mi (porque sé que lo hacen ;) )
    Toca comenzar de nuevo la negociación...
    Hola, ven y siéntate, ¿como estás? ¿cómo te llamas? ¿prefieres café, té? No, hoy no tengo vino, pero puedo ofrecerte una cerveza... Veamos, puedes contarme qué te trae por aquí, como ves logramos vivir entre todos con cierta armonía que hemos logrado con mucho esfuerzo ¿Quieres unirte al grupo? Claro, por supuesto que eres bienvenido... Ahora, hay algunas normas, hablamos un lenguaje común para poder saber cuándo se quieren asomar ¿Que tú tienes uno particular? Seguro que lo podemos incluir, y tenderemos un lenguaje más completo, nos comprenderemos mejor. Por lo que a mi respecta tengo una sola norma: NO ME VUELVAS A JODER LA VIDA DE ESA MANERA Y SIN AVISAR. Si decides no acatarla la lucha será dura y sangrienta pero debes saber que siempre quedo victoriosa y de pie.

15 de abril de 2016

La palabra de hoy es: Distimia


Sobre esto no hay mucho qué decir, o quizás hay demasiado pero no quiero hacerlo

14 de abril de 2016

La palabra de hoy es:  Desolación


Onde laivos de agonia adormecem
Quando os sentidos apelam à fantasia
Com seus sorrisos e suas tramas...

Enquanto ao longe,
No fundo plácido da noite
Claros e frágeis cristais de luzes
Quais translúcidos harpejos
Dentre negros abismos do luar,
Boiavam eternamente no trágico céu...

                                             Em mil pedaços de desgosto (Jô Tauil)


Estoy desolado y no lo saben...

Hoy avisté que podía cruzarme con el silencio más hermoso del mundo y me escabullí para no hundirme ante lo implacable y ensordecedor del ruido de ese silencio. Y pasó de largo...y la desolación entró con su caballo por los campos de mi pensamiento hasta que destrozó mis fuerzas.

Termina el día con la desolación del abandono...

                                                               Desolado

14 de marzo de 2016

    La roca cedió. Sintió como su cuerpo era atraído por el vacío en cámara lenta, mientras veía saltar los clavos que la sujetaban. Cerró los ojos y contuvo la respiración mientras alargaba la mano hacia el apoyo de granito que estaba a su derecha.

    Esta vez el muro era casi vertical, y al mirar hacia arriba no se veía el final, solo la roca, más y más arriba, más y más roca, sin embargo ya estaba a medio camino y había un sólo sentido en el cual continuar. Había decidido el mes anterior que este sería su viaje de cada año, así que hizo los preparativos y antes de darse cuenta estaba allí, anclada a la pared, gruñendo en cada esfuerzo y ascendiendo con cada respiro. Sólo la acompañaban sus pensamientos y el aullar del viento.

    La escalada nunca ha sido sencilla, lo sabía, pero también sabía que vale la pena el esfuerzo por la sensación que produce el llegar a la cima. Sin embargo, la escalada libre tiene riesgos considerables: Es esa que se hace sin cuerdas y con mínimas medidas de seguridad, confiando tan sólo en la experiencia y dependiendo de las manos para sujetarse a la vida. Nunca mejor dicho.

    El canto de un águila y su sombra abajo, a lo lejos, le recordó la altura a la que se encontraba, de modo que revisó los anclajes, se frotó las manos con magnesio, tomó una bocanada de aire, balanceó el cuerpo y se estiró para llegar a la saliente más próxima. Con cada paso faltaba menos y se emocionaba más, con cada avance se sabía más cerca del final y del paisaje que vería desde arriba, la ruta que había anhelado hacer desde hace tantos años ya no le era esquiva, lo único importante era seguir subiendo, seguir convenciendo a la pared de dejarse trepar, un respiro a la vez, un paso a la vez, un clavo a la vez...

    Un destello de sol la cegó y decidió que era momento de parar, tan sólo dos minutos mientras recobraba el aliento y cerró los ojos para sentir el calor en la cara, sentía cómo los rayos del sol la inundaban de energía, de fuerza para seguir subiendo, la impulsaban a seguir hacia adelante, hasta alcanzar el cielo.

    Cuando abrió los ojos volvió en si, al trozo de roca aún en su mano, al clavo suelto, al viento que intentaba sostenerla, al águila, al vacío...


Comenzado el 15 de febrero de 2016
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Siento que estoy oxidada, antes las historias venían a mi y sólo debía dejarlas salir, ahora pareciera que debo pedirle permiso a cada palabra para ponerla en su lugar. Sin embargo, creo que comenzamos a entendernos de nuevo, ya veremos cómo nos va - Ka, π day, 2016.

4 de marzo de 2016

Esto es un poco como las mareas, me alejo y regreso, según el ánimo ¿Pero no se escribe siempre así?
He estado intentando retomar el blog, aunque sin mucho éxito. Una de las decisiones que estaba considerando era borrar todas las entradas y dejar únicamente los cuentos, pero revisando los post me gustó ver un poco de quién era y de quien aún sigo siendo, así que se quedarán publicadas, al menos por un tiempo más... Incoherencias, cuentos, canciones, reflexiones... Hay un poco de todo, y el blog tiene ya DOCE años (Si me hubieran dicho que lo abrí en 2004 jamás les habría creído)... De todo eso sólo puedo concluir que escribo demasiado gamelote :P

Ya veremos cómo sigue esto.

15 de febrero de 2016


    Es un secreto conocido por unos pocos que la vida siempre tiene un final feliz. Sólo deben entender que yo no soy el enemigo.

Soy quien toma sus manos y los reconforta cuando termina el viaje, soy yo quien se sienta a escuchar las historias y desventuras que experimentaron durante el mismo, yo contemplo sus sonrisas mientras recuerdan los sabores, los colores, las pieles suaves que conocieron.

Soy yo la única y verdadera amiga con la que siempre podrán contar, y al final, les enseñaré cómo se siente la paz y en el sueño más plácido y eterno que habrán tenido nunca en sus mortales años.

20 de agosto de 2014

    Hace mucho solía sacar a pasear a mis demonios. Eran, de alguna manera bizarra, las musas en las que me inspiraba para escribir los cuentos que acá aparecen publicados.
   
Supongo que "Lo que no se usa, se atrofia", como reza aquella frase atribuida a la Biología, y de la misma manera en que hoy me disgusta asomarme a la cueva en donde los tengo encadenados, me cuesta sentarme a escribir algún relato y la verdad es que extraño horrores escribir, casi tanto como extraño escribir horrores.

    Sin embargo tengo algunas historias rondando en mi cabeza: Hay un mendigo y un animal marino que luchan por escapar del baúl donde se encuentran, pidiendo a rugidos que le quite el herrumbre a la llave y los deje salir por algo de aire fresco (¿Y, por qué no? de sangre nueva, es bien sabido que no sólo de arrebatos viven los dioses)

    Ya veremos si es más fuerte la súplica de los penitentes o el deseo de no bajar nuevamente hasta allá. No tengo rostro para mis víctimas y sin ello ¿Cómo darle forma a las ideas? Quienes me han leído no han encontrado jamás una historia con final feliz acá, al menos no para el pobre diablo que protagoniza el cuento de turno.

    Podría publicar el cuento inconcluso del mendigo, quizás serviría para ir retomando la práctica... Dejaré que lo decida la almohada.


9 de febrero de 2011

Hay cosas que no cambian con el tiempo, situaciones que nos reafirman sobre quiénes somos y qué queremos... No suelo leer los post que ya he publicado, pero me doy cuenta que al igual que pasa con las fotos, a veces al revisar el baúl de las que no pasaron el visto bueno encuentras allí enterrada una foto que ahora, bajo otra perspectiva, consideras simplemente maravillosa - ya sé que en fotografía a esto se le otorga un nombre, pero como no lo recuerdo ni lo buscaré, no lo utilizaré (bastante obvio, me parece) - En fin, me encontré con algo que escribió uno de mis alter egos hace poco menos de 2 años y me sorprendió cuán de acuerdo estoy con lo escrito ese día, aunque en este momento no pueda recordar qué lo motivó. Me gustó tanto la forma en que dijo las cosas y algunas expresiones que usó me hicieron reír de tal manera, que lo volveré a sacar a la luz, tal cual como ella lo escribió en su momento . . .

Debo confesar, que no tengo la más remota idea de quién o quiénes me hicieron enojar hasta ese punto, pero conociéndonos, lo más probable es que ya no formen parte de mi día a día

3 de noviembre de 2010

Aire Fresco

Siempre era la misma sensación, sumergirse en el agua era como estar en su medio natural. El deseo más recurrerente era la necesidad de tener agallas y membranas entre los dedos para poder nadar aquí y allá a su antojo, sin que el aumento de presión le afectara y poder explorar el océano a sus anchas. La vida perfecta, decía, tenía que estar allí, dentro del mar.

Amaba profundamente a los tímidos habitantes del arrecife y nunca dejaba de asombrarse como cada noche las rocas aparentemente inertes ebullían de vida, en una sinfonía perfectamente sincronizada de movimientos, como los tentáculos de los corales se asomaban desde los cálices y lograban que absolutamente todo el paisaje diera un giro extraordinario, convirtiendo el tranquilo arrecife en un lugar atestado de colores, de animales emergiendo de sus guaridas protegidos por las algas y la noche, mientras los iluminaba tan sólo la luz de la luna llena, al menos los rayos que apenas lograban traspasar las someras aguas donde habitaban.

Luego venía lo triste de la expedición, tener que emerger, salir a la superficie, bien fuera porque se agotaba el aire de los tanques, bien fuera porque la apnea no le permitía estar allí abajo más de 4 ó 5 minutos, pero inevitablemente debía volver a Tierra, a la realidad que la aprisionaba. Allí, dentro del mar podía simplemente ser ella misma.

En tierra la historia era otra, le acosaban los odiosos compromisos en los que se había envuelto. Era un mundo en el cual las caretas y los disfraces estaban a la orden del día, así como los hipócritas y las dobles intenciones, era esa la realidad del mundo al que debía enfrentarse cada mañana, haciéndole frente con su mejor sonrisa a una vida que le hacía poco feliz.

Aún así, siempre pensó que esa cuota de felicidad, esos momentos en que el amor invadía su corazón hacía que casi todos los sacrificios valieran la pena; sólo existía una cosa que la hicera sentirse igual de plena: El mar, su amado océano, donde de ser posible, viviría eternamente, flotando entre la espuma y las plumas de mar, nadando junto a nudibranquios y medusas, viendo cómo una estrella de mar, tierna y sutil, era capaz de apresar y engullir a la primera langosta que se descuidara en su caminata sobre el fondo arenoso.

Sin embargo, más allá de esos breves instantes de felicidad, la vida "en tierra" se tornaba abrumadora. La rutina la acosaba como un cobrador del infierno exigiendo el pago de la cuota semanal por su alma, se sentía hastiada de la gente que le rodeaba, le ahogaban los comentarios superfluos y la incesante lucha cuesta arriba por intentar vivir tan sólo un poco más tranquila... si tan sólo lograra la paz que encontraba bajo el agua, estaba segura que no había manera de sentirse más ahogada dentro del mar que dentro de la vida que llevaba a cuestas.

De pronto y sin darse cuenta, llegó el anhelado domingo, el día que más esperaba cada semana, la oportunidad para visitar a su amado océano, aquél quien nunca le traicionaba y como amante fiel, esperaba por ella mostrando su impaciencia chocando las olas contra las rocas.

Se despertó con el primer rayo de sol que acarició su rostro, luego de besar a quien aún dormía junto a ella salió de la cama con un brinco. Entre canciones y danzas chequeó con el más minucioso detalle el equipo de buceo, preparó un desayuno ligero, ajustó el trailer a la camioneta y verificó que el bote estuviese bien asegurado al mismo, las lonas, las cuerdas, el agua potable, todo estaba en perfecto orden, como debía estar para emprender la aventura.

Ese día había planificado visitar las ruinas de un barco hundido a pocos kilómetros de la costa oriental, tomaría fotos del arrecife que se estaba formando sobre la estructura y las entregaría a la ONG con la que cooperaba para la preservación de los corales de la región. A pesar de ser una inmersión de alto riesgo debido al fuerte oleaje cerca del naufragio, conocía bien la zona - no en vano era uno de los buzos con más experiencia e inmersiones en el área- y estaba emocionada con la idea de visitar lo que consideraba era un pequeño refugio de calma, que se había producido allí gracias a que la embarcación había encallado.

Ironías del mar, que por su mal temperamento permitiera la formación de un nuevo arrecife, un abanico infinito de nuevas posibilidades y era ella quien podría, por primera vez, documentarlo para el mundo. Era el gesto perfecto de un amante hacia el otro, un regalo único y de gran valor que los unía, aún más, de una manera que sólo ellos entendían.

Pensaba en todo esto mientras calentaba el motor de la camioneta, debía recorrer unos cuantos kilómetros a lo largo de la costa antes de llegar al punto donde bajaría el bote y desde el cual navegaría hasta el naufragio. Los compañeros y ayudantes la estarían esperando en el lugar, imaginaba lo emocionados que estaban todos por participar en esta inmersión. A final de cuentas, 3 horas de carretera no eran nada, en comparación con lo que experimentaría ese día.

Se despidió de la figura en la puerta con un gesto de la mano, un beso al aire y un "hasta mañana, querido". Presionó suavemente el acelerador y comenzó así su aventura del día, manejaba hacia su amado, hacia su destino de cada oportunidad, hacia su siempre fiel amante azul y profundo, que quieto o trubulento le recibía cada vez que llegaba a sus dominios.

Sólo pensaba en ello, mientras manejaba por la autopista, de manera simultánea revisaba los retorvisores mientras su mente verificaba una y otra vez que no faltara nada en la lista de los pasos de seguridad, el nivel de los tanques, el estado del traje, la cámara submarina, las baterías y la linterna... todo en orden, todo meticulosamente detallado, todo en perfecto orden.

La música sonaba al tomar la salida de la autopista que conducía hacia la costa oriental, decidió apagarla para poder escuchar al mar lo más pronto posible, pues apenas en unos cuantos minutos el olor de la sal impregnaría el aire, y podría poco a poco escuchar el mar chocar contra los acantilados. La carretera era angosta y sinuosa, sabía que no debía descuidarse por muchas veces que la hubiera transitado, conocía cada palmo de la vía y el peligro de cada una de las curvas. Decidió que era momento de bajar la velocidad, había hecho buen tiempo durante el viaje y llegaría más temprano que de costumbre, lo que le daría chance de disfrutar de un par de zambullidas extras en la orilla, ansiaba el sentir el agua contra su rostro, contener la respiración y sumergirse con tan sólo el traje de baño nadando unos cuantos metros entre la arena y lo profundo hacia donde luego se embarcaría, pero una vez que estuviese en el barco sería todo trabajo y tecnicismo, al menos hasta la inmersión y no deseaba privarse de ese pequeño placer antes de que llegara el resto del grupo. La felicidad de flotar dentro del agua, la sensación de pertenencia con el mar, su elemento, jugar con su respiración para intentar sostener la apnea cada vez un segundo más, pues cada uno era un momento junto a su amor. Sentía como el corazón se le inflamaba de emoción tan sólo de pensarlo mientras se acercaba por fin al punto de encuentro.

De pronto un ruido fuerte que no provenía del mar, no era una ola contra los acantilados, era un sonido que duró un instante y luego fue todo oscuridad. Se sintió de pronto sumergida en el arrecife, sin tanque, sin equipo, sin traje, sin linterna.. no lograba ver nada, tampoco escuchaba nada más que un ligero murmullo. Se dió cuenta que sin oxígeno no podría durar mucho tiempo sumergida pero por más que intentaba nadar hacia la superficie sentía que algo la retenía inmóvil en el fondo, poco a poco perdía las fuerzas, su mente se nublaba y no lograba ubicar dónde estaba ni qué había sucedido. Un pensamiento romántico la invadió, quizás su amante, su mar, de manera egoísta la reclamaba por fin sólo para él, sin embargo eso no tenía sentido alguno, no se sentía flotando, aunque sentía el agua en su rostro. La incertidumbre y la desesperación ganaban terreno sobre la pasión que sentía por el mar. Un último intento de contener la respiración y sus pulmones cedieron... comenzó a sentir como el líquido invadía su boca, bajando por su garganta y por su tráquea al mismo tiempo. Intentaba toser, pero cada intento terminaba en una bocanada más de... líquido, el agua, pensó, iba invadiendo sus pulmones y decidió que al menos moriría haciendo aquello que le apasionaba, sumergida en el mar, como siempre soñó, aunque nunca esperó que fuese tan pronto.

Imágenes de aquél ser querido en la puerta que esperaría eternamente por ella, quien no volvería. Los rostros de las personas con quienes lidiaba diariamente ya no le parecían tan hostiles, al contrario de alguna extraña manera estaba deseando poder verlos de nuevo... y luego, una vez más, aquel murmullo... la oscuridad comenzó a disiparse, pudo observar que tenía frente a sí el volante de la camioneta, no estaba dentro del agua, no había caído al mar, su amante no la reclamaba. Lo que segundos antes parecía un muy absurdo sueño romántico era ahora una pesadilla, comprimido su rostro contra el volante.. los murmullos que oía eran sus propios intentos de respirar, uno que otro genido pidiendo auxilio, hasta que ya no hubo más susurros, sólo silencio, oscuridad y el líquido que invadia sus pulmones sin parar.

Así la encontraron los demás integrantes del grupo que venían al lugar, la camioneta en mitad de la carretera, con el trailer llevando el bote, no podía ser de nadie más. Ella, doblada sobre el tablero, con el rostro comprimido contra el volante.

La presión que sentía era el techo, doblado sobre ella por la roca, y el líquido que la ahogaba manaba de sus heridas, de su rostro, su pecho... finalmente se había ahogado lenta y dolorosamente en su propia sangre, lejos del mar, lejos de su vida, lejos de su amor y sus rutinas. En una sinuosa carretera solitaria de la costa oriental, con el mar y los acantilados a un lado, y la montaña al otro, desde donde una roca se había desprendido y al caer sobre el techo de la camioneta provocó que una de las piezas del techo le hiriera por la espalda, perforándole un pulmón del que ahora brotaba la sangre en forma de lágrimas, mientras su corazón latía en un intento vano por llegar al mar.

2 de julio de 2010

Life is... Life

Hoy vi a alguien suicidarse. Eso no es algo que se pueda decir todos los días, de hecho creo que mucha gente podría pasar toda su vida sin ver uno de estos eventos en vivo y directo, en primera fila y 3D como lo vi yo... No entraré en mayores detalles acerca del evento como tal, eso sería morboso y aunque yo pueda llegar a serlo, los dejaré con la curiosidad :)

El asunto es que el acto del suicidio per se me parece una total paradoja, pues supongo que se requiere de mucha valentía para decidir ( y al menos intentar ) quitarse la vida, en yuxtaposición a la falta del coraje necesario para enfrentar el problema, cualquiera que sea, que haya llevado al sujeto hasta ese límite... En pocas palabras, es tener el valor para quitarse la vida siendo tan cobarde como para no afrontarla ¿me explico? asumiré que si. Más terrible aún debe ser la idea si tomamos en cuenta que un porcentaje de intentos de suicidio quedan frustrados resultando en taras, parálisis y secuelas que variarán según el método elegido. ¿No es todo esto más absurdo aún? debería dar un terror indescriptible el saber que existe la más remota posibilidad de quedar vivo después del intento de suicidio... eso sin contar la sarta de preguntas y reclamos a los que se verá sometido el sujeto, provenientes de .. no, no sus "seres queridos" si no de los seres que le quieran a él, pues serán ellos quienes se sientan ofendidos, preocupados y hasta asustados por lo ocurrido.

Ahora, poniéndome un poco de parte del pobre diablo que haya pensado en eso: imagino que habrá llegado a ese punto en el que la vida parece simplemente imposible de vivir, más allá del soportar o sobrevivir a las calamidades, ese punto en el que el nihilismo lo incluye a uno mismo y a su esencia, o por el contrario cuando la única esperanza de "estar mejor" significa estar del otro lado...

24 de febrero de 2010

Ya no está Inconclusa... (Pesadilla)

Comencé esta historia hace varios días, publicada bajo el nombre de "Inconclusa" pues en ese momento no supe cómo continuarlo... ahora bien, aquí está tal como ha salido, ya concluído.



De pronto se encontró atada por los codos a una barra, con una sensación de turbidez y sin poder recordar cómo había llegado alllí o qué hacía en aquel lugar. Los sonidos le eran ajenos, su visión era borrosa al punto de no poder distinguir entre las manchas que danzaban frente a si. Un olor nauseabundo la impregnaba, sintiendo como toda esa porquería se pegaba a su piel, a su nariz, a sus labios.. así como antaño lo hacía el aire marino.... El mar, vendería su alma al primer postor a cambio de poder estar frente al mar en ese instante y no en el cuchitril en el que se encontraba ahora, donde la sensación de aprensión era intensa y el aire húmedo, enrarecido, señal de que se encontraba en una habitación pequeña y cerrada.

Algunas imágenes vagas rodeaban su mente, ¿acaso era un pacto lo que había hecho? Recordaba a un hombre de tez muy blanca y nariz aguileña, recordaba haberse cortado y lamerse la herida ¿se había lastimado ella o la había herido alguien más? ... Todo era tan confuso, tan vago... la mejor explicación para eso era que había sido drogada, ¿cómo si no, explicar que no recordara claramente lo sucedido?

Sintió un dolor agudo en el abdomen, logró alzar ligeramente la cabeza sólo para observar con espanto como un hilo salía de su cuerpo, un cordón ensangrentado que salía de allí, de sus entrañas, colgado de un gancho situado en el techo. El cordón era de un color rosáceo, pero algo se movía sobre él... GUSANOS!!! ERAN ASQUEROSOS GUSANOS !!! eso no podía estar sucediendo, era mentira, esos asquerosos animales no usarían el cordón para llegar a ella, se negaba a permitirlo. Intentó moverse de un lado hacia el otro para desatarse del cordón rojo cuando se dió cuenta que no podría, ese cordón era parte de ella, era su intestino delgado, extraído desde su abdomen, y era eso lo que consumian esas malditas pestes carroñeras.

La sensación de desamparo fue tan intensa que empezó a gritar, a llorar, a rezar, a pedirle al Díos en el que siempre confió su alma que se la llevara en ese preciso instante ¿Cómo podía ese Dios ser tan misericorde y dejarla allí tirada a su suerte, a merced del horrible ser que le había hecho esto?

De pronto otra imagen, su dedo ensangrentado escribiendo su nombre sobre un pergamino. ¿Qué estupidez había hecho? ¿Cómo se le corrió la idea de firmar eso? más ahora que no recordaba lo que había negociado, pero fuera lo que fuera, no tenía sentido que valiera el precio que estaba pagando. Cualquiera que hubiese estado de pie a su lado habría visto aparecer en ese momento una sonrisa.. Claro, por supuesto, todo lo que sucedía era tan ilógico que sólo había una explicación, era un sueño.

Intentó despertar de ese espantoso sueño, puesto que no podía ser otra cosa sino un sueño vívido y terrible, tan vívido que podía sentir el olor de su carne chamuscada así como las náuseas que esto le provocaba... no, debía despertar de ese sueño a como diera lugar. Decidió, pese al hedor, respirar profundo una vez... otra vez... una vez más, cerrar los ojos olvidar los gusanos y concentrarse en su vida real, la que había dejado atrás al momento de ir a dormir.

La luz que se colaba por la cortina le dió el calor necesario para saber que había despertado y que si, estaba en casa. Su perro jugaba a los pies de la cama, mordisqueando las sandalias como todas las mañanas, sólo para hacerla correr detrás de él hasta la cocina y lograr un poco de atención de su adorada dueña. Se levantó sintiendo que ése era el más feliz día de su vida, en comparación con la terrible pesadilla que había sufrido la noche anterior, pero..¿qué la habría causado? la ensalada de la cena no podría haberle causado indigestión, y obviamente no debió ser el efecto de la novela que estaba sobre su mesa de noche a medio leer... no buscó mayor explicación y únicamente se sintió aliviada de haber despertado y deseó con toda su alma no soñar algo siquiera similar más nunca en su vida... ¿Cómo se le ocurrió blasfemar así de su Dios, que tan piadosamente le había guiado en cada paso de su vida? Más nunca volvería a dudar de él. Eso debió ser, una prueba de su Fé, la había superado y sintió su corazón lleno de regocijo.

Para celebrar, decidió desayunar huevos revueltos, un gran vaso de jugo de naranja, un par de rodajas de pan y luego salir a dar una larga caminata por el parque, ese sol tan cálido y espléndido no sucedía todos los días en la región fría del país donde vivía. Se duchó, rápido, con agua fresca para olvidar la mala noche que había pasado, se vistió, calzó los zapatos deportivos y bajó a  desayunar. Hizo todo sistemáticamente, como cada mañana, estableciendo qué hacer según lo planeado el día anterior y lo que dictaba su agenda.

Se colocó en el brazo el reproductor de música, le colocó el collar al lanudo perro que ya brincaba entre sus piernas esperando el anhelado paseo matutino, verificó que todo estuviera en orden antes de salir y se dirigió a la puerta... La brisa del mar chocando contra su rostro, era y sería siempre la mejor sensación que tendría durante toda su vida y así, de frente al viento, ella y su mascota salieron a dar un largo paseo a la orilla de la playa.

La arena se hundía suavemente bajo sus pies, el perro brincaba dando círculos a su alrededor y de vez en cuando con una zambullida entre las olas, o decidía ladrarle a algún atrevido cangrejo que osara pasarle por enfrente. A lo lejos vió a alguien que caminaba en sentido contrario, acercándose, y al igual que ellos, disfrutaba plácidamente del paisaje costero... Al acercarse se dió cuenta de que era un hombre, alto, esbelto, hasta buenmozo, pensó que sería agradable por esta vez, compartir su caminata con ese sujeto que obviamente era agradable y bien educado, se sabía, por supuesto, por su modo de caminar, de vestir y de disfrutar el mar.. sólo un alma pura podía amar el océando como ellos.

Cuando el sujeto se acercó, la saludo con una amplia sonrisa y pronunció una frase, ininteligible para ella, así que decidió girar y preguntarle al simpático caballero lo que había dicho.

El caballero volteó, le sonrió nuevamente y mirándola profundamente, amablemente le dijo -Tu deseo está cumplido, es hora de despertar-

De pronto y sin saber en qué momento, había despertado de su onírica vida feliz y perfecta, donde un perro lanudo mordía sus zapatos, dónde la luz del solo acariciaba su rostro cada mañana,  mientras que su realidad, su mísera realidad, era oscura y nauseabunda, atada a una barra, mientras sus intestinos colgaban de un gancho obligándola a verlos siendo devorados por los gusanos.

Desde arriba

¡FUI UN MALDITO IMBÉCIL! - es eso lo que quería gritar pero no lograba articular palabra. Los ojos inyectados de sangre y rabia observaban impotentes todo su alrededor, mientras unas lágrimas rojas resbalaban por la accidentada mejilla, confundiéndose con la sangre que emanaba de las laceraciones.

Nunca se habría imaginado que terminaría de esa forma, humillado y abatido, dispuesto para ser cena de los buitres, alzado a 10 metros del suelo atravesado por una estaca de roble. Nunca en su nada conspicua vida, habría pensado que esos monstruos que describían en las historias más oscuras eran una realidad, que disfrazados entre el común de la gente, permanecían ocultos del hombre de a pie. Menos aún hubiera podido creer que se cruzaría en el camino de uno de ellos, en un muy desafortunado encuentro.

Cerró los ojos intentando olvidar el terror que lo inundaba, quería borrar todo rastro de la pestilencia que lanzaban los cuerpos, vecinos, podridos, destajados, picoteados, hervideros de gusanos, restos de los miserables que habían corrido una suerte similar a la suya. Cada intento de evadir la realidad era en vano, pues cualquier pensamiento, por ínfimo que fuera, terminaba trayéndolo de nuevo a su presente.

Mientras juraba que daría el corazón y su alma al Diablo si lo libraba de aquél trance, recordaba que era el mismo Diablo quien lo había colgado de ese madero, o si bien no era el diablo debía ser uno de sus engendros, no había otra explicación para que un ser hallara tal regocijo en su dolor y sufrimiento.

Cansado del repugnante paisaje, bajó la mirada sólo para encontrar un ente de tez blanca cono la luna llena y con un atuendo negro que a medias luces parecían tratarse de trapos viejos y desteñidos que hacían resaltar más aún el espectral brillo del andrógino rostro. Unos ojos azules como cristales le observaban desde allí. Era evidente el escrutinio de esa "cosa" sobre él, incluso, desde lo alto, le pareció observar una sonrisa. ¿Era acaso posible que ese ser no sintiera asco por la escena ni piedad por él, quien sufría agonizante? peor aún, cayó en cuenta que el ser lo miraba embelesado, como quien admira una obra de arte previamente realizada y de la que se siente, por fin, satisfecho.

Esa mirada.. creía recordarla, pero ¿de dónde? sin embargo, a pesar del extraño color, se le hacía tan familiar esa mirada. Como si perteneciera a alguien conocido y este fulano le hubiese arrancado los ojos, la expresión, y la usara ahora en su lugar.

De pronto todo le pareció más claro, esa mirada dulce, unos ojos castaños, una sonrisa cándida. Si, era ESA mirada, pero ¿Cómo podría ser posible? ¿por qué recordar eso justo ahora?

Empezó a ver sus recuerdos, como si se trataran de una película que proyectaran sólo para él. Era un día hermoso, de esos días cuando el brillo del sol te permite olvidar que existen desgracias e injusticias en el mundo, un perro pasó corriendo frente a él, se había soltado de la correa de su dueño y huía pícaramente hacia la laguna donde estaban los gansos. Recordó haber pensado lo gracioso que sería ver al perro lanzarse al agua para luego salir huyendo de las aves que con seguridad se defenderían del intruso.

Detrás del perro corría una niña, llamándolo y con la correa en la mano, mientras lloraba por la huída de la mascota. Al instante vió como la niña tropezó con una piedra que sobresalía del terreno y cayó sobre la grama. Se vió a si mismo apresurándose hacia la chica, con una sonrisa para reconfortarla y cómo le ayudó a levantarse y enjugarse las lágrimas. Sólo logró tranquilizar a la niña tras asegurarle que su perro volvería en cualquier momento, buscando la protección de sus brazos, cuando se diera cuenta que los gansos no eran buenos compañeros de juegos.

En ese instante, cuando imaginaban la persecución que tendría lugar, apareció la sonrisa más hermosa que había visto en su vida, no podía provenir de otra persona más que de un niño, dulce e inocente, como la niña a la que había ayudado.

Ahora los recuerdos se confundían, tenía que ser producto de la tortura que estaba viviendo, creía ver el rostro de la niña pero trasladado al cuerpo de una mujer joven y esbelta, de cabello largo, negro, ondulado. Recordaba haber visto todo rojo, como si se tratara de un telón que cayera frente a él. Pensaba en la sonrisa de la niña, pero el resto era un mundo carmín, sin matices, que sólo le producía una sensación de desesperanza.

Agitó la cabeza, no quería perder los recuerdos hermosos. Eran por fin algo a lo que aferrarse entre tanto horror y no los dejaría ir tan fácilmente. Se concentró en la imagen del perro, un labrador negro, esbelto, jugetón. Pensó en la niña, el cabello castaño claro, liso, recogido seguramente por su madre en dos trenzas que caían hasta su espalda. Y la risa, podía oir claramente la risa de la niña, que resonaba y hacía que su alma rebosara de felicidad, era como escuchar un río bajar alegre por la montaña, en su camino hacia el mar, el mar, azúl... azúl como los ojos que le miraban... fríos, profundos, atemorizantes...

Se obligó a pensar de nuevo en la niña y la sonrisa, pequeños momentos de alegría. Le preguntó dónde estaban sus padres para llevarla hasta ellos, asegurándose de que la mascota no huyera nuevamente, un extraño brillo asomó en el rostro de la joven, no se detuvo a pensarlo en el momento, pero era un brillo intenso, casi sobrenatural.

Encontraron la puerta abierta, el cerrojo estaba bien, así que todo parecía indicar que la última persona en entrar o salir simplemente olvidó cerrarla. La niña le tomó de la mano dándole la confianza necesaria para entrar en la casa, donde encontró un salón con grandes ventanales cubiertos por espesas cortinas de terciopelo rojo y una inmensa lámpara de araña en el centro del techo. Sin embargo, el ambiente de la casa era ambiguo, la lámpara funcionaba con velas, lo que le daba al salón un aire de novela gótica, de esas de finales del siglo XIX. Aparte de las cortinas, no había rastros de muebles, si quiera habitantes en la casa. Y el olor, un olor que nunca logró definir, pero que le recordaba a... no sabía, sólo tenía la sensación de que conocía el olor, que no era fuerte, pero tampoco muy agradable. - Ha de ser una casa vieja, herencia de familia - pensó - explicaría que una casa tan lujosa esté en estas condiciones-. La niña explicó que sus padres ya se habían ido a trabajar, y que en el poco tiempo que tenían viviendo allí no habían tenido oportunidad de poner todo en orden. Le explicó también que su único compañero de juegos era el perro, quien era además su guardián y custodio, pues nunca se separaba de él.

La niña le ofreció una bebida refrescante, la cuál aceptó con algo de premura, asegurando que debía irse pues ya la había dejado segura en casa, sabía lo mal que se vería si llegaba algún adulto y lo encontraba en lo que podía ser una situación facilmente malinterpretada. No había terminado la bebida cuando se sintió mareado, quizás por el olor, quizás por la sensación opresiva del ambiente que creaba el salón, decidió marcharse de una vez cuando sin más la puerta se cerró.

Debía estar alucinando, no era posible lo que sus ojos le mostraban, la niña, sentada en un rincón, se hacía cada vez más pequeña, mientras que el perro iba tomando forma humana. ¿Lo habrían drogado acaso? eso explicaría el mareo y las alucinaciones. El perro - no estaba seguro de cómo debía llamarlo ahora - comenzó a reir de manera fuerte y clara, con una voz que no era de hombre o de mujer, pero que ciertamente asemejaba una voz humana. Buscó horrorizado a la niña, pero en la esquina donde la había visto por última vez, sólo había un cobayo, durmiendo entre los plieges de la cortina. No podía ser verdad, no tenia ningún sentido, ¿Esa criatura que antes era un perro tomaba forma HUMANA? ¿En qué rayos estaría pensando cuando decidió ayudar a una niña extraña? ¿Acaso lo embrujó la dulce sonrisa en el parque? ¿Cómo podía un ser tan inocente y perfecto ser ahora un roedor?

Creyó volverse loco e intentó huir saltando por una de las ventanas, pero se enrredó con la pesada cortina y se vió envuelto tan sólo por una luz roja. El miedo lo paralizó ¿O fue acaso la bebida que recibió? Si tan sólo los hubiese dejado frente al portal, si no hubiese seguido la dulce mirada y la sonrisa cándida, si no hubiese ido al parque ese maldito día.

Sentía bombear al corazón como si fuese a salir del pecho y lo quisiera abandonar a su suerte. Comenzó a sentir mucho más fuerte el olor que ahora reconocía como carne pútrida, mientras todo le daba vueltas y oía una risa tras la barrera roja que lo rodeaba. Sintió como la tela se movía, la oyó desgarrarse tal como los leones desgarran su comida. Atinó a preguntar el por qué de todo aquello y sólo recibió por respuesta "Porque es divertido". Lo último que recordaba era un rostro blanco de brillo tenua como la luna y un par de ojos azules que se tornaron rojos justo en el momento cuando la criatura se ablanzó sobre él.

Despertó bruscamente y sintió un agudo dolor en todo su cuerpo. Se dio cuenta que todavía estaba vivo, aún colgaba atravesado por una estaca de madera, los cadáveres seguían a su alrededor, el olor nauseabundo impregnaba el lugar. Abajo, una mujer esbelta, de cabello negro, largo, ondulado, con unos hermosos ojos azules, lo veía profundamente, mientras acariciaba un cobayo que dormía en sus brazos.

Poemas Alados ( II )

Poemas de Claudio de Alas
EL POEMA NEGRO


Forget_Me_Not de Arcipello - DeviantArt
Cuando moría, me enlazó en su brazo
cual un reptil de palpitante raso,
y con voz afiebrada y lastimera,
me dijo que cual última terneza,
y en recuerdo de toda su belleza,
me dejaba su blanca calavera...

Que robara a la hambrienta sepultura
ese último jirón de su hermosura,
que una lívida amante me sería,
y en mis horas alegres o de duelo,
su alma, descendiendo desde el cielo,
al través de sus cuencas me vería...

Pasa el tiempo... El ave silenciosa
del recuerdo voló sobre su fosa,
llamándome a cumplir aquel pedido,
que cual lúgubre flor de sus amores,
me dejó en los postreros estertores,
temerosa a los lutos del olvido.

Y era una noche. Oscuridad y viento;
la lluvia desgarrando el firmamento;
batida en sus ramajes la espesura;
los jardínes tronchados y barridos;
y del mar, el estruendo y los rugidos
resonando a lo lejos con pravura...

Ardiente el corazón, los miembros yertos,
escalé la muralla de los muertos;
y pensando en la súplica postrera
de esa lívida novia del misterio,
me perdí en el profundo cementerio,
porque iba a robar su calavera.

Por las calles desiertas y medrosas,
buscando en los letreros de las fosas,
llegué hasta su sepulcro solitario.
El viento en los cipreces sollozaba,
y la lluvia furiosa me azotaba
cual queriendo arrojarme del osario.

De una lámpara sorda, bajo el brillo,
su mármol qquebranté con un martillo.
Cual fatídico abismo, negro y hondo,
de la tumba la puerta entenebrida
abierta contemplé...¡De entre su fondo
brotó una bocanada corrompida!...

Y en lo profundo de la negra caja,
entre blancos jirones de mortaja,
la miré desleída y pestilente:
sepultadas sus formas y sus manos
entre olas hirvientes de gusanos
que tragaban su carne lentamente.

En sus sienes, mechones de cabellos...
sus ojos,¡ay!..., como ningunos bellos,
convertidos en cuencas pavorosas;
en su boca, que fue roja granada,
una muda y horrible carcajada,
y su pecho en piltrafas asquerosas...

De su belleza, que radió cual astro,
no había allí tansiquiera un rastro.
Era un informe y corrompido andrajo.
La miré contristado, mudo, inerte;
medité en los festines de la muerte
y me hundí en el sepulcro abierto a tajo.

Temblorosas, tendiéronse mis manos
al inmenso hervidero de gusanos.
Busqué de la garganta las junturas,
nervioso retorcí... Hubo traquidos
de huesos arrancados y partidos...,
hasta que hollando vil las sepulturas,

Huí miedoso entre las sombras crueles,
creyendo que los muertos, en tropeles,
levantaban su forma descarnadas
corriendo a rescatar su calavera,
esa yerta y silente compañéra
de la lóbrega noche de la nada...

Eso pasó..., fue ayer... Hoy, en mi mesa,
cual escombro final de su belleza,
helada, muda, lívida e inerte,
sobre mis libros en montón reposa,
cual una gigantesca y blanca rosa
¡Que ostentase la risa de la muerte!...

Sus grandes cuencas, como dos cavernas,
me contemplan inmoviles y eternas.
Atónito, al mirarlas me figuro
que su alma tal vez huya del cielo
para triste, silente y con anhelo,
mirarme allá, desde su fondo oscuro.

Entonces con amor llego hasta ella,
y cual si fuera cuando viva y bella,
por sus huesos mi mano se desliza:
siento de ansia el corazón opreso,
y en el instante en que le doy un beso,
¡me encuentro, ¡ay!, con su macabra risa!...

Y allá, de la alta noche, cuando escribo,
ante su faz sintiéndome cautivo,
me parece que se abren sus quijadas
y que en frases muy tiernas, temblorosas,
me pide que le diga blandas cosas,
como en noches amantes y borradas...

Y soñando, la veo transformarse
en la bella de entonces, y acercarse...,
y sentirme yo suyo..., y ella mia...
mas al instante mi pupila advierte
que no es sino la imagen de la muerte,
que me contempla estática y sombría.

Ya llevan mucho tiempo estos amores...
es ella quien conoce mis dolores,
los sueños todos de mi vida entera...
Ella me da la desnudez que viste,
y yo el cariño de mi alma triste,
teniéndola de novia hasta que muera.

Y cuando rompa de la vida el lazo,
cual ella a mí, la enlazará mi brazo,
y antes que en mi redor todo sucumba,
le diré como frase postrimera:
-¡Acompañame, pobre calavera;
acompañame, amada, hasta la tumba!...

23 de febrero de 2010

Poemas Alados (I)

Poema de Claudio de Alas


MIENTRAS ANDA LA HORA
- Doctor; sigue esta fiebre,
que el alma me entenebre,
implacable y brutal como si fuera
mi vida toda que al rodar callada,
espera, espera...y siempre espera
una sonrisa lastimera
de unos labios helados cual los míos...
- Doctor; mi carcajada
desolada
y cansada
y llena del afán de mi jornada,
tiene la muda soledad de los desiertos...
-Doctor; vuestra ciencia suprema,
para mi mal- mal de los muertos-
es una luz, cuyo fulgor no quema.
-Doctor; dejadme quieto!
Prefiero antes que el hombre, el esqueleto.

Perdonadme, Doctor...Soy el enfermo,
que únicamente callo cuando duermo.
...Espero una visita.
Es una dama pálida y silente,
Hace tiempo, Doctor, me dio una cita,
y la espero esta noche blandamente...

-Doctor; alguien toca la puerta...
Abrid! ¿Es ella acaso?
Ella es!...Doctor, viene encubierta:
indicadle el camino, dadle paso,
y no toquéis su túnica de raso,
porque oculta el Misterio seriamente!...

-Buenas noches, dulce amiga lejana.
Os esperaba...Adelante, Señora...
- Doctor; esa campana,
¿ por qué sin ser la hora, da la hora,
y esparce su lamento?
- Que descanso que siento,
mi querido Doctor.
Enmudecido de temor;
que descanso, Doctor!...

Este pensar horrible de mi pensamiento,
de mar en furia, es límpido remanso...
No tengo frío, mi querido Doctor,
algo pasa sobre mi corazón...algo que no me duele!
¿Será que ya murió mi corazón?
Algo me impele
hacia la barca azul, en que el laurel
hecho ritmo, y verdor y resplandor,
tiende un abrazo redentor,
mi sabio y muy admirable, mi Doctor:

- Perdonad al enfermo, y su candor.
- Lo más cerca de mí, Señora...
Soy un niño muy triste...
y hace tiempo que lloro.
No recordar en que consiste;
Lo dulce de tu cita, triunfará.
Dadme un beso, oh, Señora!
Dadme el beso callado y no comprado,
de tus labios siniestros, por lo mudos
Señora, y a mi lado,
estrechemos los músculos desnudos,
para dormir...
Morir?...(1)


(1) Diez minutos después el poeta se abría la frente de un tiro.

De sentidos y emociones...

Por mucho que yo piense que no hay imposibles, parece bastante improbable que podamos escapar a nuestras emociones; Tanto dioses, como demonios y mortales, respondemos a ellas y a la fuente que las genera, a veces de buena manera, otras... no tan buena.

Tal es, que suelo crear mis más largos escritos después de una buena dosis de emoción que me remueva los sentimientos, sensaciones gratas o ingratas.. pero pasiones que nos recuerdan que estamos vivos y que somos mucho más que un saco de carne y huesos ( bueno, la mayoría... hay unos cuantos que sólo sirven como alimento, desecho y otros que al menos, de mal ejemplo)

Filippo, Felipe, Phillippe, Phill...

Sus ojos negros, profundos como la más oscura noche, parecían brillar con el fuego del alma perdida, contrastando la nacarada y pálida tez de su piel.

Oculta tras su apariencia sobria, una gabardina tan negra y larga como su cabellera.

Prefería ostentar de su cultura, de la sabiduría adquirida con el transcurso del tiempo, devoraba con ansias los libros de historias, leyéndolos cual cuentos infantiles y reía cada vez que recordaba cómo habían sucedido realmente las cosas y cómo las deformaba, a su favor, quien escribía el relato de turno.

Memoria implacable, sin embargo, por alguna extraña razón, se mezclaban sus pensamientos al recordar la vez en que, vagando entre la vegetación, intentó ayudar a esa extraña y atractiva mujer, de cabello rojo como el fuego, que expresaba con su mirada todo lo que su mutilada lengua no le permitía. Faltaban piezas a este rompecabezas, quizás por ello se deleitaba armando miles y miles de estos juegos, buscándole sentido al propio, al momento de su muerte y nacimiento, recordaba el abrazo, la sensación de angustia y agonia, la sed.. la aniquilante necesidad por seguir bebiendo la sed que manba del brazo de esa mujer.

Noche tas noche, vaga su mente por aquella época, el momento en que ella se fue, perdida entre la venganza y la mirada fija hacia el horizonte, cada vez que levantaba el sol y debia cesar su infinita búsqueda. Nunca supo Philippe que buscaba aquella mujer, solo recuerda los zafiros con los que le miraba y el fuego de su cabello.

Mantuvo ese fuego cada día del resto de su existencia, en homenaje a quien le hizo ver el mundo de esta nueva manera, despertándolo a la placentera oscuridad, al conocimiento de la vana mortalidad de esos pobres ignorantes que se jactan de estar vivos, sin saber que hacer con esa vida.

Se deleita cada noche, con los placeres, mundanos, espirituales. Mezcla de sabio, filósofo y vago, andando de poblado en poblado, saciando su infinita sed de sangre, divina sangre que calma su garganta y apacigua sus sentidos.

Es él quien me ha mostrado la belleza oculta en la oscuridad, quien me dice cariñosamente "Darkness" en lugar del nombre que me dieron mis padres, nombre que he decidido llevar conmigo mientras tenga a Phillipe, durmiendo, cerca de mí, cada día y compartiendo conmigo cada noche... hasta que mis días sean oscuros, transcurriendo entre caminos bajo la luna y las sombras proyectadas por las luces de la civilización, y mis noches comiencen al salir el sol, durmiendo plácidamente junto a él.

Ahora mismo, ha de estar rondándome. Lo sé porque se inserta en mi mente y sólo puedo pensar en él, estoy a oscuras y me siento calma y sin temores, su compañía me basta para alejar cualquier sombra. Me dio a conocer el exquisito sabor de la sangre fresca, tentación que surge en mí, sólo cuando está cerca, como ahora.

No logro dejar de pensar en esa copa, desbordante de rojo elixir.

Filippo, nacido de vientre romano, creció entre centuriones y pensadores greco-egipcios habitando las costas del Mediterráneo, el olor del mar le trae cierta nostalgia junto con la alegría de saber que, de no ser por salir de allí, jamás hubiese sido el nocturno y delicioso ser que es.

Al establecerse en Versalles, decidió cambiar su nombre a Phillippe, dice que va más con su estilo, de vestir lóbrego, sencillo, elegante, propio de un Europeo.

Se enoja si le digo Phill, pero lo hago sólo por ver como sus ojos brillan más de lo normal y luego poder contentarlo, con caricias y algo de mi propia sangre, hasta robarle una esquiva sonrisa. como si se tratase de un pequeño juego entre amantes. Eso ciertamente compartimos, el amor por la noche, por las maravillas que habitan y se despiertan en ella.

Me quedo embelesada con su mirada, profunda, intensa, hasta que una palabra me saca de mi trance y me invita a pasear entre tumbas, contándome la historia de las almas que alguna vez habitaron los ahora huesos y polvo, depositados 3 metros bajo tierra.

Divagamos a menudo, acerca del culto a la muerte que tienen la mayoría de los pueblos "modernos", y su falta total de sentido, al ser la muerte sólo el paso necesario para resurgir a la nueva vida, un escalón más que es preciso subir si se desea seguir andando.

Phillippe no se decide a abrazarme pues dice que aún no estoy preparada, que debo instruirme y estar lista realmente para el momento en que decida, por fin, llevarme por completo a su mundo. Creo que aún está analizando qué podría pasar con Kali la noche en que esto suceda.

Ha comprobado lo difícil que es controlarme bajo su influencia, quizás piensa que pueda llevarme a un estado más allá de cualquier razonamiento o simplemente no volver, decidiendo seguir lo que me dicta la "insanidad" de mis arrebatos de ira y deseo de acabar con el planeta entero, si es necesario, para que el mundo resurga como debe... Algunos hombres no merecen siquiera la oportunidad de vivir, dado que la desperdician de la manera más despreciable.

Ahí está, se asoma Kali... siento como Phillippe se aleja y Darkness con él. Percibo cada vez con mayor facilidad el cambio de actitud, entre Darkness y Kali, la serena oscuridad, apacible, y la implacable ira contra lo que no debe ser, según como Kali ve el mundo. Ella y Darkness tienen sus discrepancias, pero a la final suelen llegar a un punto intermedio, a un consenso de opiniones.

Quisiera que Phillippe entendiera que Kali es tan parte de mí, como Darkness, como Ithil. Espero que llegue pronto el día en que ciertamente pueda controlarlas a ambas, tanto como Ithil, en una sutil máscara que oculta mi verdadero rostro ante el mundo, pero no para él.

Phillipe se ha ido, Darkness con él, yo no soy de muchas palabras, prefiero las acciones, no soy de despedidas, las cosas deben hacerse de manera sutil o no, pero rápida y efectiva. Aquí termina este escrito.

De Darkness y Phillipe, que escriba ella, si es que se decide a salir del placentero sentimiento y calma que siente a su lado. Yo, necesito acción, movimiento, que la energía fluya, que el caos circule, colocando cada partícula de este universo, donde debe ir y en la corriente en que fluyen.


4:08 AM// 17/09/2006

Memories

Una prueba de mi estatura.. . soy más bajita que un frailejón :

Paramo de Piedras Blancas. Edo. Mérida


Pero a pesar de eso, conozco personajes interesantes =P :

Cruz de Milla. Mérida, Edo. Mérida

Inconclusa....

" Atado a un pasamanos a nivel de los codos, con una sensación de turbidez y sin poder recordar cómo habías llegado alllí o qué hacía en aquel lugar. Los sonidos le eran ajenos, su visión era borrosa al punto de no poder distinguir entre las manchas que danzaban frente a él. Un olor nauseabundo le impregnaba, sintiendo como toda esa porquería se pegaba a su piel, a su nariz, a sus labios.. así como antaño lo hacía el aire marino.... El mar, vendería su alma al primer postor a cambio de poder estar frente al mar en ese instante y no en el cuchitril en el que se encontraba ahora, donde la sensación de aprensión era intensa y el aire húmedo, enrarecido, señal de que se encontraba en una habitación pequeña y cerrada."

Así comenzó esa historia, escrita en un cuaderno y que ahora no sé cómo continuar. mis historias suelen surgir, como todas las historias, tras una fuerte motivación, por la necesidad de más que decir algo, gritarlo. Gritarlo fuerte y raudo hasta lograr que salga de mi esa sensación... es la necesidad de expresarme la que me mueve y cuando ya no encuentro ninguna otra manera de decir lo que siento o cómo me siento, es entonces cuando las palabras se apoderan de mi y escribo.

Mis historias son oscuras, crueles, a veces un poco sangrientas, porque son intensas, como la pasión, como la rabia, como el agotamiento. Es la misma intensidad que nos ataca cuando necesitamos decir algo y no podemos o no sabemos cómo, es la intensidad de la frustración, la ira y la tristeza.... Creo que es por eso que sólo escribo cuentos cuando estoy muy triste o muy molesta. Cuando estoy feliz, simplemente canto y eso no me causa la imperiosa necesidad de escribir.

Y es así como he desangrado a uno, empalado a otro, condenado a todas y cada una de los protagonistas de mis cuentos, cumpliendo ellos la poca valorada misión de sobrellevar el peso de una carga ajena